Hace ya una "plácida" semana de la beatificacion masiva de sus mártires, y como estudiante de periodismo conozco bien las normas: actualidad, inmediatez. Sin embargo, no deja de llenarme de asombro el que una organización con tales ínfulas de santa salvadora pueda tener tan poca vergüenza. Y lo escribo como lo siento.
Es una maravilla- tanto que sólo puede ser obra de Dios- seguir fingiendo decencia cuando condenas los asesinatos apoyando a un dictador; cuando presumes de cumplir a rajatabla el secreto de confesión pero señalas con el dedo a las próximas víctimas de los verdugos de tu bando; cuando proclamas que "Dios no hace diferencias entre sus hijos", pero condenas a los homosexuales a la insidia de tu propia hipocresía; cuando dices seguir el ejemplo de pobreza de Jesús desde tu púlpito de mármol.
Probablemente muchos sepan ya del Padre Gabino, beato desde el pasado 28 de octubre y torturador desde los tiempos de la pérdida de las últimas colonias españolas; es ya bien conocida la genuina ironía con que Gyoming resalta la curiosidad de ciertas noticias en su "Intermedio". El Padre Gabino ya ha subido al altarcillo de los beatos, y si me apuras, de la fama; pero, ¿acaso los obispos se acuerdan José Sagarna Uriarte, Celestino Onaindía, Martín de Lekuona, Gervasio de Albizu, José de Ariztimuño, Alejandro de Mendikute, José Adarraga, José de Arin, José Iturri Castillo, Aniceto de Eguren, José de Markiegi, Leonardo de Guridi, José Sagarna, José Peñaga-rikano, o los padres Lupo, Otano y Román? ¿Es que el bando de sus verdugos los hace menos mártires, menos beatos o menos, en fin, dignos de la memoria? ¿O es que su beatificación es revanchista con una tal Ley de la Memoria Histórica? Es muy fácil hablar de "abrir la vieja herida" con las exhumaciones de los restos, cuando los de los tuyos tienen lápida y una bonita placa en la iglesia del pueblo.
Ya no hacen falta metáforas ni disfraces para sus obispos y arzobispos. Ellos solos se retratan.
lunes, 5 de noviembre de 2007
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