sábado, 30 de junio de 2007
Pase lo que pase
La vida puede ser un camino lleno de asperezas. Todos intentamos abrirnos una senda a su lado, encontrar un sentido, acallar las voces que no queremos oír, exaltar los pensamientos, las ideas, las ilusiones, los sueños en los que se sustentan nuestras emociones e incluso la propia existencia. La conciencia de que aún seguimos aquí.
La vida puede ser también un lienzo en blanco, la serena certeza de que sólo nosotros tomamos el pincel para pintar cada trazo de lo que somos y lo que seremos. El pasado no se borra, pero tampoco regresa. El futuro es la mayor de las incógnitas, pero aún podemos tomar parte en ella con cada palabra que decimos o que preferimos callar, con cada decisión que abre o cierra las puertas que ni siquiera podemos ver. La imaginación puede hacernos fallar, pero la realidad es errante por sí misma.
Por suerte o por desgracia, éstas dos existen: suerte y desgracia. Se parecen a las interferencias de una pantalla de cualquier televisor, son como las borrascas, como el dinero: capaces de cambiar lo que creímos inmutable. Lo bueno y lo malo.
Hay mil modos de ver la vida, de ver nuestra libertad en ella, de maldecir a Dios cuando nos damos cuenta de que tan solo es el silencio más abrumador que hemos presenciado. Pero de cualquier forma, nunca sabremos cuándo las cosas mejorarán, y la única forma de saciar esa curiosidad es seguir adelante. Las salidas ya sólo quedan al frente. Y existen momento en que cualquier muestra de ánimo es poco, pero es importante darnos cuenta de que no estamos solos.
Ánimo, estamos contigo
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