Al llegar a casa a la hora de comer enciendo el televisor, tal como dicta la rutina familiar; resulta que inmediatamente después de su monótona sintonía, el telediario anuncia a bombo y platillo que la segunda hija de los príncipes de Asturias ha nacido. Por fin. Porque buena parte de los españoles ya estaban ansiosos por saber el nombre que le darían al retoño. Los medios, embobados y halagadores, se concentran por decenas frente al hospital y preguntan, risueños, al feliz papá. Así no me extraña que apenas hablen del genocidio de Darfur. ¡Esto es mucho más importante!
Decido echarme una siesta para contrarrestar mis habituales cuatro horas de sueño. Al despertar paseo por la casa y oigo las voces del televisor escapando por la puerta del salón y contaminando de nuevo mi tranquilidad y mi paciencia, y observo por tercera vez en el día que la máxima preocupación de este país es ni más ni menos que la "multiplicación" del principito. Unos a otros se tiran los trastos a la cabeza para llegar a un acuerdo sobre si es necesario modificar la Ley de Sucesión de la Constitución, por la que el varón tendrá derecho a reinar aunque no sea el primogénito.
Así que doy media vuelta y empiezo a sospechar que lo mejor es cerrar los ojos (y los oídos) y pararme a pensar: ¿Qué está pasando en este país? ¿Por qué sólo se habla, con una actitud tan sumisa que asusta, del nacimiento de una persona que sólo pasará a engrosar la lista de quienes viven del pueblo trabajador? ¿Por qué lo único que es capaz de hacerle sombra a semejante "acontecimiento" es la detención de la Pantoja, que por cierto, también vive en buena parte de los impuestos del país? ¿Es realmente discutible cambiar una ley machista que no deja de hacer hincapié en el mantenimiento de una institución anticuada y desigualitaria?
Así que me imagino- soñadora yo- que los medios dejan de bailarle el agua a quienes no pueden tomar la vida por un privilegio porque TIENEN una vida LLENA de privilegios; a quienes disfrutan de estar por encima de la ley; a quienes beben del pueblo para devolverles, con aire despreocupado y simulada cercanía, una visita corta a cualquier barrio que sirve para llenar las calles de gritos irrisorios como: "¡Sofía, Leonor, os queremos un montón!".
Y una vez más, creyéndome idealista, sueño con que todos nos sepamos capaces de elegir a quien nos represente, con la igualdad y con el arranque de esa cuenta atrás que nos traiga el fin de la monarquía.
Salud. Y viva la República.
"Bien analizada, la libertad política es una fábula imaginada
por los gobiernos para adormecer a sus gobernados" (Napoleón Bonaparte)
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