Las calles están llenas de gente que va de aquí para allá. Un niño, que agarra a otro de la mano, nos saluda con un alegre: "¡Hola, chica!" mientras pasa a nuestro lado. Las chabolas denuncian sin palabras el asombroso contraste entre barrios de la capital.
Entrevías se sumerge en un nuevo atardecer que tiñe de ámbar los tejados de sus modestas viviendas y los parques infantiles donde un grupo de jovencísimas madres conversan viendo los juegos de sus niños, en una actitud de entregada espera. Es un barrio de los que escasean en Madrid, de esos que aún guardan rincones en los que puedes escuchar las conversaciones de los más viejos o lo que cenará un niño con ganas de llevarse algo a la boca, sin que el ruido del tráfico se atreva a interrumpir su aparente tranquilidad. Sólo la ancha avenida de Entrevías, que comunica con la M-30, es capaz de romper su cercano silencio. Las palomas rebuscan entre la arena de uno de los parques, junto a un banco en el que tres ancianos charlan en voz baja, que se apaga aún más con el paso de algún coche del que se escapa alguna canción de reggaeton. Buena parte se afana en trabajar en las tiendecitas de barrio que hay a cada lado de la carretera. Hace calor, pero no se oye a nadie quejarse. Algunos podrían decir que el tiempo y la expansión de las obras de Gallardón se han detenido en este humilde barrio vallecano.
En la perpendicular calle Peironcely encontramos la parroquia de San Carlos de Borromeo. Es mucho más austera de lo que hubiera imaginado: las lisas paredes blancas del pasillo que nos recibe muestran manchas y grietas y están en su mayor parte cubiertas por carteles en contra de la violencia policial y de su propio cierre. Un horario pegado con celo en la puerta indica cuándo se celebrarán las misas y las asambleas. La puerta abierta ya permite ver el enorme mural de la pared, que proclama con letra graffitera: "He venido a liberar a los presos". Los bancos, dirigidos a una mesa que preside la estancia. El resto de las paredes está decorado con murales realizados por los presos o ex-presidiarios, así como con cartas, postales y recortes de periódico con muestras de cariño y apoyo.
La sencilla parroquia de San Carlos Borromeo acoge a drogadictos, ex-presidiarios, musulmanes y ateos. No excluye a nadie. Se ha hecho famosa por su apoyo a la asociación de Madres unidas contra la droga y por la ayuda que prestan a drogadictos, presos y cualquiera que llegue con un problema o sin él; es decir, a quien lo necesite y sufra unas condiciones que agraven su situación. Su párroco, Enrique de Castro, cree firmemente en la necesidad de un cambio en la Iglesia que ajuste las celebraciones y las costumbres a la realidad actual. Bendice rosquillas en lugar de hostias; ofrece el vino de su propia copa; y viste vaqueros y jersey en lugar de sotana.
Hace alrededor de un mes que la alta jerarquía eclesiástica de Madrid, representado en torno a Rouco Varela, ha ordenado el cierre de la parroquia. A pesar de que asegura seguir a una figura llamada Jesucristo que se acercaba a los pobres, a las prostitutas y a los enfermos y oprimidos. Sin embargo, Rocuo prefiere juntarse con los poderosos y con los ricos, y ser quien realice las celebraciones más prestigiosas; vestirse con sotanas caras y tener en sus manos los mejores cálices de oro. Sea como sea, no sólo coge el camino contrario a aquel que predica, sino que censura a quienes deciden ser honestos con su fe y su doctrina. Es gente como Rouco quienes han conseguido que muchos de nosotros hayamos perdido la fe.
Salgo después de todos estos pensamientos de la parroquia de Entrevías y sonrío satisfecha. Antes de marcharme, quiero dar una vuelta alrededor del edificio: la parte trasera da a un descampado de matojos verdes y arena; poco más allá, cuatro paredes parecen luchar por mantenerse en pie, albergando en su interior una chabola con una familia de gitanos. Los curas de San Carlos Borromeo se atienen a la realidad de la que viven rodeados día a día y de las que quieren sentirse partícipes. Así que vuelvo la mirada una vez más a la pancarta que preside la iglesia: "DE AQUÍ NO SE VA NADIE". Nadie.
miércoles, 9 de mayo de 2007
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